
Acaricia las cuerdas. Deja posarse el corazón en cada uno de los pasos con que huellas esta tierra. ¿Ves combarse los cuerpos? ¿Ves el sol caer a plomo? Tus pies no andaban errados: llegaron en época de venenos, de luz, de vendimia. Aquí se quedan. Ahora ve y dile al mundo que ésta y no otra es la música de estas tierras.
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